sábado, 19 de enero de 2008

Los que se quedan cuando nos vamos


Apenas nos contó Griselda que cuando trabajaba en el periódico había conocido a una mujer increíble llamada Rosaura. Rosaura vivía con su marido en una pequeña casita en el centro del pueblo, y Griselda, entonces soltera y sin hijos, pasaba de vez en cuando a verles porque era su vecina y no conocía a nadie en el pueblo. Rosaura tenía miles de ropas tiradas en un viejo baúl y las dos compañeras se dedicaban algunas tardes a abrirlo y vaciarlo, mientras dejaban escapar un poco sus sueños. Eran sueños de libertad, de cuando Rosaura no tenía que cargar con un marido gruñón y cocinar para su hijo egoísta de más de cuarenta años. Rosaura le proponía a Griselda que se llevara algunas camisas o faldas, pero Griselda era mucho más joven y no quería esos ropajes de vieja.


Sucedió que un día el hijo de Rosaura se murió por sus problemas de alcoholismo, y Rosaura se quedó un poco más sola aunque un poco más libre en esa casa. De vez en cuando se reían, como aquella vez en que su marido echó de la casa a la mujer que les vendía los pollos porque creía que Rosaura estaba celoso de ella. O cuando el marido de Rosaura se subió a podar el árbol, orgulloso de su cuerpo fortachón y ya no podía bajar de nuevo. Pero poco a poco sus cabellos se fueron haciendo más grises, y las hojas secándose en esa casa, y las visitas olvidándose de ellos. Griselda también se marchó a trabajar a otro lugar, y ya no iba a visitarles muy a menudo.


Pero un día soñó con ella. Las dos abrían el baúl de nuevo, y sacaban las ropas como siempre. Y Rosaura le decía que se las llevara, pero su voz sonaba más convencida. “Ahorita ya no las voy a necesitar”, decía. “¿Y qué voy a hacer con todo esto, montar un tianguis?”, respondía Griselda divertida, sin darse cuenta de que Rosaura ya no las iba a necesitar, porque en su sueño era un fantasma y llegó a pensar que también lo era en la realidad. Fue entonces cuando decidió ir a visitarla de nuevo, con los nervios a flor de piel y el miedo de no encontrar en esa casa más que los vestidos de Rosaura.

3 comentarios:

Hola, soy la Blanqi dijo...

Ay qué bonito... jo, ¡casi se me cae una lagrimilla!

Anónimo dijo...

Muuuuua! Hay que escribir todas estas cosas! Mil gracias por empezar, my love, igual y los blogs no son tan malos, jeje. Ayer mismo me acordé mucho de Gris, Magali y Citlali... Hoy se ha colado en la radio Sabina con sus 19 días y 500 noches y plás! teletransporte a una tarde de junio, guitarra, chelas y tortillas quemadas en Orizaba. Voy a escribirle al bandera a ver qué cuenta. Ay mi madre! Esto no se cura, nel pastel. Un abrazo enorme, nos vemos pronto no?

Anuska dijo...

Gracias!!! Pues lo cierto es que no, my love, no se cura ni de coña. Parecía que no pero va a costarnos más que París, y eso que ahora ya tenemos experiencia. Menos mal que hacemos reencuentros como este finde... Un besazo